CUATRO POEMAS DE VÍCTOR VACCARO (ECUADOR)

Y Dios creó al hombre a su imagen y semejanza…

¿Pero dónde está el sexo de Dios?

Sus testículos flotan alrededor del mundo,

uno más alto que el otro,

más brillante.

Su útero está encerrado en la incolora piel del universo;

cada vez da menos vida

porque sus hijos destruyen el endometrio

en su sed de sangre dorada:

una menstruación violenta.

Dios es hombre y padre y complejidad absoluta.

Dios es mujer y madre y furia que se absorbe y se vomita.

 

Dios, al final,

es la sed última que nos consume:

la sed de vivir, como sea, para evitar a la muerte.

 

Dios es mujer

porque yo lo soy.

 


 

Cuerpo de hombre, planicie vacía

donde las húmedas noches pasaban desapercibidas,

inhalas ansioso el perfume de las magnolias

que recibes como agua y alimento, como sol de mediodía.

 

Sobrevivimos juntos el ataque del universo

que conspira, lejano, entre sus fieras de cristal

pero no abandonamos la guerra de sangre

que nos dispersa y nos une como dos leones solitarios.

 

Cuerpo de hombre, estatua de cobre, lámpara agitada,

ven y deja las mordeduras de tu instinto.

Tu estela nómada seguirá moviéndose

entre los arcos y columnas que me componen.

 


 

Alza la copa.

Baco,

bebe el martirio de las uvas,

sacia tu sed

con la sangre de la tierra,

deja que tu cuerpo sea templo

donde nuestras manos ofrezcan sacrificios

sobre el altar de tu estómago

y déjanos recordar

 

lo que éramos,

lo que somos,

 

no lo que seremos.

 


 

Madre,

escúchame

como escuchabas mis llantos en la cuna,

como escuchabas mi aliento al dormir,

como escuchas ahora mi voz hablándote por este árbol descuartizado.

 

Siempre he tenido

todas las heridas de mi lenguaje

lentamente desangrándose

bajo las formas,

las rimas;

la sublimidad del dolor

en mis manos de poeta

hecha un miserable retrato

que te deja desconcierta.

 

Una vez me puse tus vestidos,

bailé mis sueños de princesa

con los pies sucios

y el corazón sordo.

Todavía no usaba lentes.

 

Ahora que uso pantalones

y camisas

y mis pies limpios

caminan sobre mi corazón omnisciente,

te miro

y sé que esta vida me estrangulará,

pero los dos correremos sin pensar

hacia el borde del abismo.

 

Respira.

 

Es la euforia de los límites

balanceándonos

en su rebelde soledad.

 

Ni siquiera existe un después

que pueda prometerte

para regalarle un pensamiento más.

 


 

ACERCA DEL AUTOR:

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VÍCTOR VACCARO (GUAYAQUIL, ECUADOR)

Estudia Literatura en la Universidad de las Artes, ha ganado varios concursos intercolegiales de poesía y retórica, además de haber participado en distintos talleres de escritura creativa y poesía. Adaptó la obra teatral “Bodas de sangre” de Federico García Lorca para la Fiesta de la Lectura que se realizó en 2016. Ha incursionado en la música lírica y composición de canciones, obteniendo el tercer lugar por su presentación en el Festival “Canta Conmigo Antidrogas 2017” de la Secretaría Técnica de Drogas, y por su composición el primer lugar en dicho concurso.

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