CUATRO POEMAS DE INGA GAILE (RIGA, LETONIA)

Autobús Nº 3

Así es como vivimos,

sepultados en nuestros pañuelos y resacas,

protegiéndonos

de todo mal,

construyo un muro a mi alrededor, hecho de oro, de miedo,

hecho de pan con embutidos, de vergüenza.

Así es como vivimos,

no te acerques,

no preguntes.

Así es como vivimos,

nos sentamos en nuestros hermosos traseros

–haz que ese tipo se levante, es su deber.

No lo haré, no, estoy cansada, ¿sabe acaso esa perra

lo que es trabajar toda la noche y

no lograrlo, no lograrlo? me importa un carajo,

no debió haberlo hecho si igual no iba a poder comprar un

coche

y ahora está empacada con los demás en este barco

maloliente,

navegando a ciegas

en la oscuridad.

Así es como vivimos,

no cedemos el asiento, no sonreímos, no saludamos,

tememos ser engañados, maldecidos, abrumados,

que nos arrebaten el último pedazo de pan,

claro, me sobran cincuenta kilos, pero es por todo el

sufrimiento,

prefiero simplemente sentarme aquí y no ver nada,

Dios Todopoderoso, está lleno de lisiados allí,

pero yo, yo no los veo,

miro los árboles,

recito mi mantra y pienso en cosas más elevadas,

tengo que lograrlo, tengo que lograrlo,

solo necesito un poco de suerte,

encontrar un yerno con dinero y las llaves de un BMW.

Así es como vivimos,

sin ver nada,

el bebé está riendo,

no escucho, no escucho,

el sol se filtra por una grieta,

busca un trapo, tapa ese agujero,

se irá el calor ¿y entonces qué?

El puto gobierno no me da de comer,

no me da motivos para sonreír, ni dignidad,

ni fe en los humanos,

ni fuerzas para levantarme,

para ceder mi asiento

a esa chica que dará a luz mañana.

Ella sonríe.

Hay esperanza para nosotros todavía.

 

Mi abuela

 

Mi abuela es una mujer de Courland, tan orgullosa

que no se junta con las otras ancianas que se sientan en la

banca,

y esconde el ejemplar de Private Life que le costó un tercio

de su pensión,

es así de orgullosa,

y todo le duele: los ojos, el estómago, las manos,

el pelo, los pies,

y le duele el corazón,

porque la banca no va con ella,

y su hija solo viene

cuando dice: “¡necesito dinero!”,

y sus nietos se dirigen a ella de “usted”

y son los únicos saludos que recibe, de todas maneras.

Y la vida se ha

asentado en ella pesada como una ballena

sobre su cama, jadeando:

yo soy, yo soy, yo soy.

Y esa mujer que me lleva de la mano

a la casa, donde todo me da miedo, diciendo:

no pasa nada, no pasa nada, ellos no están bien,

no es realmente mi abuela.

Porque mi abuela tiene los pechos como una cariátide y

una arrugada gorra blanca,

mi abuela es una vendedora.

Y dormirá con esos fresnos,

si es necesario,

si no hay otra opción,

¡lo hará!

Y permite a esos niños malcriados salir al mundo,

déjalos,

ella se lavará.

Se cae al lado de la cama.

En su cabeza,

una flor roja temblando,

se abre lentamente

una temblorosa flor roja

y ella se desliza por la playa de Liepāja,

dos trenzas la amarran como cable,

la amarran para que no se mueva.

El oleaje está al frente,

se congela, se congela,

más allá del hielo, llegará al lugar

en el que su orgullo no la dañe.

Se abre la flor, sus dedos se congelan,

alguien viene por el mar, alguien viene,

y no hay inmortalidad aquí,

todo resulta de otra manera.

No que alguna vez creyera

que iba a renacer en un gato o en un copo de nieve.

No que alguna vez creyera que sobre la ciudad

se mecería en el viento,

solo hay ese pulsar en sus yemas y sienes:

¿qué fue, qué fue

lo que no pude soportar?

La noche oscurece quieta sobre la habitación,

el aire está inmóvil como una lápida de granito

amenazante sobre la mujer grande,

no hay sonido ni compasión,

tan solo silencio,

no hay luz al final del túnel,

y de la llave abierta

en el pulido baño blanco, fluye suavemente el agua,

terca, fluye en silencio,

el agua inunda todas las habitaciones,

decidida, termina por abrir violentamente la ventana,

ella zarpa como un barco,

la luna ilumina su último viaje,

y desde arriba podría parecer que

se está riendo,

mi abuela, el barco

que nunca pudo acercarse a mí.

Zarpa, invisible para todos,

y llegará a la costa,

donde con suaves zumbidos

la saludarán flores y gatos.

 

Me recuesto en la mesa de parto y grito,

las aguas se derraman, ella ha llegado a su destino.

 

Y las dos paseamos por el parque,

la mano de mi hija palpitando en la mía,

y rodeando nuestros cuerpos

surge el agua de la vida.

 

Para Zirgu Pasts

 

Qué extraña esa habitación con piso de desgastadas tablas negras

con ondulantes cortinas desbordando por las ventanas,

en el alféizar ha florecido un cactus y

relinchando tras la puerta, marchan los caballos.

Qué extraña –esa habitación– entras descalza

recordando, todo era así,

estabas avergonzada, enfadada, roja,

la cubierta se mecía bajo tus pies.

Todo te causaba dolor, cada roce

e incluso la vida te hablaba en bajo,

y todas las calles eran arterias

que trajeron amigos a tu corazón.

Qué extraño, el tiempo nos ha vestido, calzado,

nos ha saludado,

todo gira en un vals, todo ha estallado en jirones,

sin embargo, una vez estuvimos descalzos,

sin embargo, una vez estuvimos en llamas,

nos cansamos tanto, éramos tan jóvenes, tosíamos todos,

y estuvimos entre extraños,

y todos eran nuestros,

la mañana despertó a la noche

sonriendo a través del viento,

qué extraño, fue justo ahora

que entramos tan enojados, descalzos y rojos,

que entramos y no vimos las ventanas ni las cortinas 

que ondulando le decían adiós a alguien.

Todo era dolor y gritos y la alegría era como una cascada

que corría atravesando la calle,

los amigos entraron al barco y gritando naufragaron con él,

una mañana dolida y punzante emergió de la noche lila.

Qué extraño, fue justo ahora,

ese camino del alféizar al patio, con los caballos verdes,

en que los besos prendían y no nos dejaban ir.

Y ahora hemos vuelto. La misma habitación

un río fluye sin parar por la ventana,

y cuando entramos, otros se sonaron la nariz

y escupieron y algunos saludaron, 

pero la ventana está quieta,

la ventana sigue abierta.

 

(Zirgu Pasts: “Correos de caballo”, un edificio en Riga, ahora un teatro, 

que en el siglo XIX sirvió como oficina de correos entregando la corres-

pondencia por carruaje)

 

 

Niebla

 

Mira, esto es niebla, cariño, niebla de verdad,

mira, lo que tienes en las manos es un mapa húmedo y arrugado,

mira, aquí está el giro que te hubiera llevado al puesto de control,

mira, aquí está el chico que ya no podrás mirar a los ojos,

mira, las hojas crujen bajo nuestros pies,

mira, aquí están tus amigos en el bar, no saben qué hacer con

las fotos que les diste,

que muestran a un hombre de rodillas frente a una niña de

doce años con sus calzones abajo.

Miren, esta es la niebla, niños, niebla de verdad por cierto,

mira, esta es la gente que nunca podrá mirarte a los ojos,

mira, aquí está la tierra y fíjate, ya puedes decirlo con certeza.

Te pones de pie, creces, aprendes a controlar tus ataques de pánico,

te conviertes en puente, en árbol, aprendes a mirar a la gente a los ojos,

te haces amiga de gente sin brazos o piernas porque piensas que te entienden,

escribes este poema, cariño, por milésima vez,

esperando que un día se desvanezca.

 

Miren, esto es niebla, niños, niebla de verdad,

chorros de mocos y esperma, un solsticio de lágrimas.

Y salgo en silencio del lado de la iglesia hacia el bosque,

han pasado eones y sigo vistiendo el mismo buzo con elástico roto.

Y la gente me mira y algunos dicen ¿no pudo escribir con más

tacto?¿con un poco más de decencia?, pero si me preguntas,

digo que se jodan, los niños deben saber que el mundo no

es una cama de rosas, que se jodan, digo, ¿por qué demonios

tienes que ser tan trágico? me gustabas más antes cuando bebías mucho,

te emborrachabas, engordabas y te tirabas a cualquiera que te hiciera caso.

Así que échate aquí, bajo nosotros.

Eso de verdad es niebla, niños, por una vez, es niebla de verdad.

Y no tengo nada más que esta desgastada, amarga y filosa

lengua y los dedos que escriben estas palabras en la pantalla

como si fuese en un gran lago.

Salgo del bosque. Y les pregunto, niños, a ustedes en sus casas de verano,

en sus salas de estar, en los asientos traseros

de los coches, en sus camas matrimoniales, a ustedes niños de

todos los sexos en algún tipo de sauna, borrachos y drogados,

a ustedes niños que han sobrevivido, les digo que

da miedo, claro, pero aún así –por favor– salgan de una vez.

O esperen un poco, sean gentiles con ustedes mismos.

 

Y yo intentaré empezar a respirar aquí, en silencio.

 

 


 

ACERCA DE LA AUTORA:

INGA GAILE (RIGA, LETONIA)

32581658_2129714567073594_4215603752138178560_nEscritora. Cinco colecciones de poesía y una colección de poesía infantil. En los poemas, “ella explora los estados internos del ser, sus propias experiencias, la vida cotidiana de las mujeres, así como los grupos estigmatizados de la sociedad”. (Latvianliterature.lv)
Autora de varias obras teatrales, en teatros off – broadway de Riga. En 2016 se publica la primera novela Los fragmentos de cristal. Su primera novela de detectives, “Invisibles”, se publicó en 2017. Colección de cuentos cortos “Ways of milk”, publicada en septiembre de 2018. También ha traducido al letón obras de poetas de habla rusa. Organiza y participa en el movimiento de mujeres standup.
Sus poemas han sido traducidos al inglés, alemán, sueco, lituano, bengalí y otros. En 2017 el libro de traducciones de sus poemas “30 preguntas que las personas no hacen” se publicó en Pleiades Press (Misouri, EE. UU.), En inglés y en el Círculo de Poesía (Perú, Chile), en español. Inga Gaile es la presidenta del centro PEN de Letonia.

 

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