CUATRO POEMAS DE ABEL OCHOA (ECUADOR)

LAS PALOMAS

 

Las palomas malditas se cagan en los autos

apenas salen de la lavadora,

como si tuvieran algo en el pecho,

o en la cola, que les atravesara el alma.

Es común escucharlo en una conversación cotidiana

y luego viene el comentario de que es de buena suerte.

Saben bien cuándo deben abrir sus esfínteres

al viento y botar sus misiles blancos.

Intuyen cuando el metal está reluciente

como las amas de casa lo hacen

con la ropa tendida antes de la lluvia,

como los elefantes antes del tsunami,

como los payasos antes de la carcajada.

Cattelan las puso cagándose en todo

en la bienal de Venecia en el 97. Por eso allí

es prohibido alimentarlas desde hace algunos años.

¿Son animales de paz?

¡No!

Acuérdense de las narco-palomas

en las cárceles de Costa Rica o Argentina,

de las palomas mensajeras en las guerras de la historia,

de la criptococosis, histoplasmosis, salmonelosis, encefalitis.

Lo siento, ONU.

Lo siento, hippies.

Lo siento, Espíritu Santo.

Las palomas son seres abominables

que andan con sus piquitos hipócritas

y comiendo de la mano de los ancianos o niños

para causar ternura ante los ingenuos.

Alguien limpia su carro con una franela

después de que una banda(da) de palomas pasara

y con una lágrima me dice, casi susurrando:

¿Sabías que las pobres son monógamas?

 

LA CIENCIA LO CONFIRMA

 

La ciencia lo confirma:

retener un pedo toda la noche, mientras

duermes con una mujer –por más hermosa

que fuera– puede acarrear trastornos

alimenticios o emocionales. No temas

a liberarlo ante ella; incluso si tiene senos de panadero

o senos como la masa de los panaderos,

incluso si sus piernas son largas como las garzas

y carnosas como las de un rinoceronte

y tú un insecto que se posa en el rinoceronte

y es comido por las garzas.

Recuerda: no puedes retener un pedo con una mujer.

Las mujeres huelen lo que hay y lo que no.

El pedo alzará sus brazos y te lo agradecerá

dándote golpecitos en el ano, estrenará sus ojos

de lluvia y te mojará con su amor ardiente.

Lo mismo pasaría si retuvieras a una mujer.

La mujer vuela, calla, hiede, suena, mancha.

Sus pezones son antenas que detectan el claustro,

la clausura de lo indómito, el punto previo de la cláusula.

Calla y “huele tu parte”, hermano mío.

En el estómago de los enamorados,

lo que se aloja no son mariposas:

es un pedo libre y hermoso.

 

RIESGOS DE UN POEMA EXPERIMENTAL

 

¿Quién pudiera ser como Vladimir Stepánov? Idear un sistema que parezca perfecto,

como un poema experimental, depositar minas desde un barco que bajen hasta el fondo del mar.

Ahí van las metáforas, los calambures, una ironía ácida,

un juego de palabras,

y que suban de improviso sin que nadie se de cuenta

hasta que en el momento menos pensado explote con todos los tripulantes abordo. Todos se preguntarán qué sucedió mientras se trepan a toda velocidad

en botes salvavidas debidamente preparados.

El riesgo ha invalidado lo sublime. Qué palabras usa con ese verbo. Falta silencio. No hay sutileza. Que dónde está el capitán,

que lo estamos buscando y no aparece mientras miran desde afuera el desastre.

El humo olerá a fracaso

y todos se abrazarán porque se han salvado.

A lo lejos se escuchará al capitán Stepánov desde el barco que se está hundiendo:

–Éste es mi carrusel y yo me quedo.

 

ESTOY EN UNA SALA BLANCA VARIOS DÍAS

 

Estoy en una sala blanca varios días

y tengo un pájaro dentro de mí que me habla

sobre lo bello que es tener hambre,

de golpearme los dedos con un martillo

y gritar de júbilo y dolor.

Debería conocer a personas que me hagan daño

me dice con un suave aleteo, y sobre llorar

de alegría, llorar de tristeza.

Me siento ligero y no puedo moverme.

Tengo un pájaro dentro de mí que me habla

sobre tatuarme los ojos y los testículos,

de acostarme en la calle cuando llueva

y pasar allí la noche, de ir vestido de amarillo

y gritar en la Boca del Pozo «¡Viva Barcelona, chuchetumadre!»

(así no sea de ningún equipo de fútbol)

y sentir cómo la sangre me rueda por el rostro.

Cada año fue idéntico al anterior pero soy ligero.

Tengo un pájaro dentro de mí que me habla

sobre no dormir hasta sentir que me muera:

sin café, ni televisión; ni pastillas, ni celular.

Mueve sus alitas y se me contrae el estómago

y me susurra sobre perderme hasta encontrarme,

de salir de casa con la ambición de que algo

me parta el alma y así multiplicarla,

de rociarme la cara con querosén,

y con la combustión sentir que estoy ligeramente vivo.

 

 


 

ACERCA DEL AUTOR:

Abel Ochoa poemas

ABEL OCHOA (ECUADOR)

Nace en Guayaquil, Ecuador, en 1986. Es publicista y poeta.  Ha publicado El abismo de los justos, Quito/2012. Aparece varias revistas digitales, Antología de poetas del Encuentro Poesía en Paralelo Cero, Quito/2013; 8 Poetas ahorita de las editoriales cartoneras Dadaif, Camareta y Amaru de Perú. Mención de honor en Poesía en Paralelo Cero, Quito/2012. Ha participado en la Feria Internacional del Libro, Quito/2012; Encuentro de Poesía Ileana Espinel, Guayaquil/2012; Encuentro Poesía en Paralelo Cero, Quito/2013 y Sumpavive, Salinas/2013.

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