Dos cuentos de Jaime Meneses (Ecuador)

DIOSITO TI HA DE BINDECIR

De rasgos indígenas, piel castiza, ojos claros, nació María en los predios de la hacienda Palo Quemado. Era hija del patrón y  de la joven hija del huasicama. Fue amamantada por su madre solamente un mes, los patrones decidieron llevarla a la ciudad. De su madre heredó su belleza, la ingenuidad y la maldición de ser violada a temprana edad. Desafió al mundo por su crío, aunque fruto del desamor y cuando nació lo llamó Jesús, como ese niño hermoso que vive en los pesebres y María, como ella.

Jesús María sintió el llanto y el amor, el sufrimiento y la injusticia desde el vientre materno.

-¡Carajo! No me he de dejar, no conocí madre, pero mi hijo la tendrá siempre a su lado- pensaba mientras sufría al abandono y los estragos del embarazo.

-No sufras, ven conmigo al parque. Eres mujer bonita, joven. Hay hombres desesperados que gustosos te pagarán cinco sucres-le había pedido Rosy.

-¡No! Yo no puedo acostarme con cualquiera, si estoy preñada es porque el hijo del patrón me violó-contestó- la Virgencita me perdone, yo no quise.

-No seas tonta, ya ves yo, mantengo dos hijos, marido y me queda mucha plata para chupar-le replicó una de las prostitutas más antiguas de la ciudad. -No Rosy, eso sí que no; más mejor, voy a buscar trabajo de cocinera-respondió María, con voz desesperada.

Su belleza era tal que donde conseguía trabajo, tenía problemas con la patrona.

-¡India atrevida, coqueteándole a mi marido! ¿Que te crees puta de mierda?-le había reconvenido la dueña de casa.

-No señora, yo no tengo la culpa-replicó- su marido quiere abusarme.

-¡Lárgate de aquí! antes que me desgracie-le sentenció

Tenía que correrse y hasta una vez, fue a parar en la policía. La empleadora de turno quiso obligarle a trabajar en su boliche.

-¡No señora!, no soy perra, le había contestado y la otra la denunció por robo. Sin prosperar la acusación, salió en libertad.

-¡No te dejes! –le aconsejó una prostituta vieja y fea, compañera de celda- En este mundo los pobres no tenemos derecho, pero si fuerza para revelarnos, para defendernos. Ella llorosa y tímida, escuchándola.

-Yo te presto veinte sucres. Vende caramelos y cigarrillos por las calles. Me pagas nomás. Me recuerdas a mi hija primera, violada y estrangulada por unos marihuaneros jóvenes de alta sociedad. Acepta, no seas tonta, no llores, porque tu hijo también sufre y ya ha de estar grandecito en tu barriga.

-No, no puedo, tengo vergüenza y luego después usted que querrá que haga.

– ¡Nada! Solo que vivas para tu hijo, que no te abusen, que aprendas a vivir en tu nuevo mundo.

Esos veinte sucres cambiaron su vida, y la vieja prostituta le enseñó a pensar, a sobrevivir, a sentirse amor.

<<¡No me voy a dejar!>>se dijo a si mismo, las últimas lágrimas fueron cuando parió y en su pecho adolorido sintió el palpitar del recién nacido.

No tenimos a naiden, mijito, yo seré tu taita y tu mama.-contó a Jesús María mientras él sonreía como si entendiera.

Por ser de pelo ensortijado, le apodaron Churón. ¿Herencia nativa, europea o africana?

Al terminar la escuela, Jesús María asistió a un taller de mecánica como aprendiz y se quedó como operario.

Mamita, ya no va a trabajar en la esquina vendiendo caramelos y cigarrillos, su reumatismo le tiene casi postrada. Ahora yo soy el hombre que la va a mantener. He arrendado un cuarto y cocina y nos vamos para allá.

-No mijito no me heyde enseñar, toda mi vida istado trabajando en la calle, pero bendito sias mi cholito, diosito ti ha de bindecir.

Pasaron los días y el reumatismo la postró a una silla de ruedas. Jesús María salía del taller para pasear con su madre, llevarla al mercado a comer y al curandero.

-No te preocupes viejecita, los docitos estamos juntos en esta vida y también nos iremos así.

-No hijito, solo Diocito sabe nuestro final.-contestó- Lo que si te pido is que cuando yo muera, rigales esta sillita a quienniciste.

-Si mamita, pero juntitos nos hemos de ir.

Todas las tardes él empujaba la silla, ella sonreía, para él no había otra mujer que su madre y para tenerla como una reina, trabajaba fuertes horas.

Una tarde de frío y de lluvia llegó cansado a casa, al abrir la puerta sintió, soledad, no se si más espeso era el invierno o su inquietud.

-¿Mi reina te has dormido? No has prendido la luz ni el televisor.-le preguntó.

 Silencio tras silencio.

-Mamita no me hagas asustar, eres una bandida, pero eres mi corazón.- le confesó.

Al mover el encendedor de luz, la silla inmóvil junto a la cama y en ella la madre con su cabeza inclinada a la derecha.

-¡Mamá, mamacita! Nooo, no puede ser, ¡Dios mío, me quedo solo! Y así fue.

El tiempo borra las heridas, pero las cicatrices son eternas.  Jesús María no pudo reponerse, la ausencia y soledad le deprimía. Cambió su actitud por una sonrisa de misterio que mezclada con el aceite quemado y el hollín de los motores le volvieron taciturno.

¡Levanten el carro! ¡Haber un, dos, tres! La desesperación y el pánico en el taller se volvió general.

-¡Auxilio! ¡Ayayay! ¡Por favor!-gritaba Jesús María. El carro aplastaba las piernas, cedió la gata y los fierros machacaron sus extremidades inferiores.

En el mismo cuarto donde María cuidó de su hijo, sigue tendida la vieja cama de madera y a su costado la silla de ruedas donde apoltronado el Churón mira sus piernas mutiladas, mientras renace el recuerdo de su morena de ojos claros.

 

JUNTO AL CAMINO COLORADO

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Buscaba girasoles en las laderas junto al camino colorado. Sus grandes alas amarillas aquietaban mis nervios en tardes de amargura, duérmanse mis pesares para despertarse, luego.

<<¿Escuché mi nombre? ¡Bah! No es nada. Sí, si lo es>> Como un desespero a lo lejos, como un lamento, como una agonía. Volví a escuchar, esta vez con mayor claridad. ¿Quéee? Levanté mis párpados intentando mirar distante, indagué en los vientos, nada.

Miles de soles con sus pupitos redondos y negros mirando al cielo, mientras su suave aroma me coqueteaba. Nuevamente mi nombre, cuando un cejo de luna besaba a las luciérnagas. A lo lejos se encondían las luces del pueblo distante. Desde hace tiempo me buscan las angustias, los miedos, yo escondido por temor entre los barrotes de mi cárcel. <<No pasa nada>> me decía, pero en mi interior, como un cine continuo viendo lo vivido en blanco y negro.

-¿Quién me llama?

-Yo

-¿Quién yo?

Se crispaban mis nervios en esa soledad, no tan sola, alguien me llamaba.

-¿Dónde estás?

-Aquí junto a ti.

Aturdido miré girando mi cuerpo alrededor de mí mismo. Nada. Me enervaba, la voz me tranquilizó:

-Tú y yo somos uno solo, estamos alejados porque tú lo quieres.

-Uuun momento-dije-¿eres mi fantasma amigo?

-No sé cómo me llames pero tú y yo somos iguales, bueno, casi. Tú eres más desobediente que yo, diría aventurero, yo te protejo.

Solté una carcajada y el cabello regresó a su puesto luego del susto.

-Claro mi viejo amigo, el fantasma de mis sueños, de mis aventuras, mi yo.

La luna nos miró sonreír, nos escuchó y la noche despertó a sus luceros, mientras nosotros regresábamos a casa, shuteando tapillas viejas a lo largo del camino.

 


 

DATOS DEL AUTOR

foto

 

Jaime Meneses Aguirre nace en Saraguro un junio 17 de 1951. Realiza sus estudios primarios, secundarios y universitarios en Cuenca. Se gradúa de piloto aviador en el Aeroclub del Ecuador en Guayaquil. Ha publicado: Relatos de Viento y Mar en el año 2016, Hojarasca del recuerdo en el 2017.

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