Poesía de Laura García Racciatti (Argentina)

Su pena

Recorrían su rostro suave las lágrimas de ayer,

aunque su pena es de hoy.

Frente al lago le confesaba al agua aquietada por la calma de la tarde

ese dolor que la aquejaba

Su amiga le ofreció un pañuelo que absorbía su tristeza,

su angustia y esa pena de ayer, de hoy y de mañana.

El sol apenas templaba su pecho,

resquebrajado por el helado pesar que recorría su corazón

y avanzaba en todo su cuerpo.

Si esa persona que la hace llorar por la tarde

–y quién sabe cuántas horas del día-

supiera cuánto le pesa en la espalda ese sufrir,

dejaría de dormir por las noches.

Al final de la jornada se apaga un poco su dolor,

se adormece con ella,

se acuesta en su cama para regresar en la mañana a recordarle

cuánto sangra aún su herida.

Ojalá en este preciso instante tuviese un alma que la cubra de amor

y la arrulle en caricias,

ojalá que esas lágrimas ya no corran por su rostro,

ni por su piel, ni su pecho.

El alma que provoca su pena no es un alma en realidad,

o quizás lo es pero resulta que es un alma gris,

un alma de espinas y de barro.

El alma que ella necesita debe ser de flores,

de luz del sol y de agua cristalina pura,

como la del lago que la alojó un instante para contener su pena,

cálida como la tarde que la abrigó,

mientras en su rostro húmedo diluviaba.

Mientras tanto su pecho permanece atravesado

por esa estaca que le aprieta el alma

y seguirá invadido por esas espinas que le rasguñan el corazón y la piel,

provocando heridas que llueven mares.

 

 

Fragmento de diario, 29 de octubre del 2017

El encuentro de nuestras almas coincidió con mi reencuentro con la mujer naciente, la que en su afán de mutar y cambiarse la piel, se encontró además con el amor.

Un amor necesario para templar el invierno que me enmudecía el alma. Varios encuentros se sucedían al mismo tiempo, propio de cualquier revolución: el mío con él, el nuestro juntos y el mío conmigo misma.

El cuerpo gritaba y quemaba por dentro pidiendo des-echar esas ramas secas. Suplicaba re-cultivar(se). Con el frío desmesurado de agosto cumplí mucho más que un nuevo invierno en este mundo. La niña-mujer comenzaba a despedirse con nostalgia (más la niña que la mujer) porque debía soltarse al fin.

Con recurrencia vuelvo a esa despedida ya que tal fin significa también ese preciado encuentro. Abrazar a esa niña con nostalgia me implicó ese nuevo viaje: el de la mujer-madre que nace a la sombra del verano junto a la siembra del verde del campo (del) futuro.

Esa gélida noche de agosto nos invitó a abrazarnos y gustosos le obedecimos. Atemperamos juntos los días que aguardan la primavera fundidos en el beso y en ese abrazo, entrelazando nuestras almas.

 

 

ACERCA DE LA AUTORA

 

laura garcia

 

Laura García Racciatti. Soy argentina, apasionada de las letras desde la infancia aunque me reencontré con ellas hace unos años gracias a un gran cambio de vida que me marcó por completo. Amo la música también y el arte en general. Vivo muy cerca de la naturaleza junto a mi compañero. En 2017 autoedité mi primer libro de relatos.

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