Tres poemas de Roxana Palma Santibáñez

Agua fresca

te encontré escapando de este mundo
dentro de una de mis pesadillas

estabas en la segunda ola que llegó a mi casa
luego de que la alarma de emergencia
se activara en Iquique,

apareciste saltando dentro de ella
con barro en todo el cuerpo,
menos en los ojos,
así que fue lo primero que vi,
la primera y la única cosa hermosa
que lograba ver luego de permanecer
asfixiándome entre la arena desértica

todas las bolas de fuego
que caían desde el cielo desaparecieron,
me aferré a tus ojos como un niño enfermo
intentando beber de la leche de su madre,
como un niño enfermo y solitario hasta que tú llegaste

me rociaste de aire el pecho por dentro y por fuera,
ni siquiera pensaste en sujetar de mis manos,
sabías que no me movería,
ni siquiera haría un mínimo intento por sacarte sobre mi

mientras me limpiabas con tu palo de manos suaves
que iban sacando el color violeta
de este cuerpo descompuesto antes que tú,
de estas pupilas blancas antes de ti

de estas uñas rotas porque la vida,
de esta piel enrojecida porque la vida
me había dejado rota dentro de una pesadilla
en la que tú entraste

y nos liberaste a ambas
hasta convertirnos en dos nubles celestes
reposando sobre las aguas magallánicas.

He estado pensando en ti  y no hay descanso

aquella mañana desperté
te llamé por teléfono como si acostumbrara a hacerlo,
acordamos juntarnos a las 18:00,
yo había preparado 22 páginas,
todas preguntas,
te recordaba con el agua del lago
cuando se escurría entre mis dedos,
tus ojos a veces se me perdían,
los años habían cavado hondo,
tuve que establecer viejos pensamientos
que como una ilusión habían aparecido durante meses
minutos antes de dormir,
nada avanzaba en nuestras vidas,
de nuevo ese cosquilleo en la palma de las manos
y en los dedos,
abrí los ojos,
la luz penetro furiosa,
la mujer penetro fuerte,
otra vez el pasaje en mi vida en que nada soy
¿cómo puede una estar segura de las decisiones
que se toman sin antes pretender comenzar todo de nuevo? ,
hace veinte minutos me habrían asaltado,
eran las siete de la tarde y ella volvía a desaparecer entre las montañas.

 

La mañana que tomé café sin azúcar para parecerme a ti
los vasos con mordiscos en las orillas por aguantarme los tics nerviosos y no parecer estúpida en frente tuyo y no insinuar que pretendía algo cuando lo único que pensaba era en estar más cerca y que cuando comiéramos pan votaras una migaja sobre mi pierna y limpiarte la cara y decirte lo tonta que eres y hablar fuerte para ocultar mis nervios y ocultar que me estaba muriendo cada vez que me mirabas y mirarte como si fueses el ultimo trozo de carne en el mundo y aprender a vivir con eso y suponer que no era nada para ti cuando para mi eras un milagro y posponer las citas con la máquina de escribir porque lo único que pensaba era en describir tu cara en mi mente y usar el lápiz sería culparme y culparte a ti por algo que no eras y destrozarnos a las dos cuando el cielo nos preparaba escaleras con las nubes para llegar a un encuentro amoroso y las estrellas eran velas y el champagne era la lluvia y nunca quisiste ir y yo aparentaba que tampoco y las ganas de ponerme la mejor ropa para ti aumentaban y me peinaba como si fuese la estrella más bonita del mundo cuando la única estrella eras tú y ni siquiera tenías peineta y ni siquiera te imaginaba con ropa y quería ir a la tienda a comprarte zapatos y traerte sobre mis hombros de vuelta a casa y tener un lugar donde llegar o al menos llegar a un lugar que las dos conozcamos y recostarnos a ver películas y contarte que la películas más bonita de todas es la que hacen tus pestañas cuando aplauden y que la primera vez que te vi se me salió el corazón por el tórax y te juro que cuando me hablabas el mar reventaba dentro de tu boca.


Sobre la autora:

roxana

Roxana Palma Santibáñez (La Unión, 1993) A corta edad llega a vivir a la ciudad de Santiago junto a su familia, pasa la niñez y adolescencia escribiendo innumerables cuadernos de poesía, lo que anticiparía un futuro ligado a la literatura. En 2014 cursó poesía experimental en Balmaceda Arte Joven, al mismo tiempo que cursaba estudios de psicología en la Universidad Central de Chile, sin embargo poco tiempo después desiste de la educación superior para dedicarse de lleno en la escritura. Recientemente publico
su primer poemario “Suspiro, vómito y muerte”. Elizabeth Cárdenas dijo sobre él ” es la exploración de sus obsesiones a través del flujo de la conciencia. Esa voz que se despierta y desborda en varias secciones de este poemario para inundar y darle una ruta a su trabajo. Es una promesa de nuevas lluvias, de nuevos libros y de poesía hablada desde el cuerpo y la conciencia femeninas”.

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