Un relato de Shirley Andrade (Ecuador)

Comida de tres tiempos

*Imagen tomada de Pinterest

Por supuesto hay que empezar ordenando las bebidas: jugo de naranja y limonada. Yo pregunto: – ¿el jugo de naranja es natural? – y espero la verdad ¡cómo si a la mesera le importara mentirme!, cuando ella indica con la cabeza que sí y se va seguramente riéndose, me quedo en silencio y mis ojos se cruzan con los tuyos.
Después de las bebidas, la mesera nos ve desde lejos, parece impaciente, tal vez tiene una cita con alguien al que quiere tirar un vaso de agua en la cara, o quizá desde el principio le desagradamos y quiere servirnos la comida envenenada para que de una vez la dejemos en paz. No soporto tu mirada, ni la de la mesera, entonces le hago ese horrible y raro gesto para llamarla, y pedirle que nos traiga “la especialidad del día”. Tarda muy poco, por lo que supongo que por “especialidad” debo entender comida preparada ayer y calentada hace cinco segundos, y a eso mismo saben tus palabras cuando me preguntas si ya pensé respecto a retomar nuestra casita y besarnos a la luz de una sopa instantánea, jurando eso de: “para siempre y sólo tú”.
Podría explicarte de mil maneras, como en mi vida la posibilidad de constatar la transformación de los otros es nula, podría seguir exponiéndote como siempre resulta mentira que el amor cura las heridas infantiles y te hace un ser maduro y comprometido, pero en realidad, la comida está tan mala, que es inminente pedir postre; tomo tus manos pequeñas y nerviosas y te juro que después de comer algo dulce, respondo.
La mesera nos pasa el helado de vainilla con chocolate y la cuenta, ahora está claro que ella necesita vengarse de alguien, y que nosotros solo se lo estamos retrasando; el helado por su parte me sabe a lo clásico, lo temporal de las reconciliaciones y las mentiras, lo sutil de los intentos de una semana y las peleas del sábado.
Antes de que termine el helado, te impacientas y me preguntas por qué no respondo, te topas el corazón y dices -¡caray tan bien que íbamos!- Yo me vuelvo a encontrar con tus ojos y sé que ese brillo que amaba en ellos, ahora me resulta trivial, entonces intento rescatar lo último que queda de ese postre cremoso y por un minuto estoy tentada a responder que lo intentaré, que por obra de la pasión, por ejemplo, nos priorizaremos, nos cuidaremos o todas esas frases de manual que se dice la gente cuando quiere retomar lo muerto; pero resulta que ahora conozco lo patético que son los seres humanos que se aman en forma de pareja y por eso mientras saco el dinero para pagar la cuenta, después de aclarar que yo invito, no me queda nada más que pedirte, casi suplicarte, que pongas punto final a esto que yo siempre insisto en dejar en puntos suspensivos.
Cuando la mesera reconoce que he sacado el dinero, ella se acerca toma el vaso con restos de limonada y te lo lanza furiosa a la cara, yo río, entiendo por primera vez la palabra felicidad, y por algún tiempo todo cobra sentido.


Sobre la autora:

foto

 

Shirley Andrade Andrade, tengo 30 años, soy ecuatoriana y tengo mi propio blog Caracoladepalabras.wordpres. Dos de mis cuentos han sido publicados en MicroQuito 1, del primer concurso de micro cuentos de la ciudad.

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