Escritos de Halloween (México, Costa Rica, Venezuela y Colombia)

La careta

Por: José Castillo Orozco (Costa Rica)

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La fiesta fue un 31 de octubre, se festejaba el aniversario de bodas de la dueña de una tienda llamada La Máscara. Los invitados debían vestir un disfraz entregado por la anfitriona. Nadie sabía quién era quien, incluyendo la pareja matrimonial, eso para realizar una dinámica.
El salón estaba decorado al estilo Halloween, había solo una mesa redonda con un dibujo del pentagrama. Las sillas y los utensilios asemejaban la máscara de su ocupante.
Después de un brindis con vino parecido a la sangre, el que estaba vestido de muerte cayó
al suelo y convulsionó. ─Me han envenenado, ─gritó angustiado.
La anfitriona se quitó su careta y llegó a socorrerlo. Él con su último aliento de vida le susurró:
─Hola amada mía, grato es llevarme tu bello rostro de recuerdo.
─No puede ser, ¿qué sucedió?, ese debía ser el disfraz de mi marido y no el tuyo, ─sollozó ella.


Cuchillo de cerámica

Por: Emmanuel Villegas (Colombia)

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Cuando el perfume de otra llame a la puerta,
sus entrañas sentirán la fría cerámica
del cuchillo para picar las verduras.
Durará pocos minutos en la casa
después de verla, suplicar, despedirse.
Lo amará, matará; una y otra vez.
Sus tripas las guisará con vegetales.
Contra el muro de su impudor le hostigaría.
¿Dónde está ahora? ¿Por qué tarda tanto?
¿Por qué le dio por colocarse un disfraz?
La cerámica se hundirá en su vientre.
No habrá confusión. Precisa, preciosa.
“Preciosa, te amo”, dirá mientras saborea
el plato fuerte de la última velada.


Amanecí otra vez entre tus brazos

Por: Juvenal Sartorius (México)

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Ha sido, como cada año, desesperante. Gente yendo y viniendo, con golosinas para obsequiar, disfraces que diseñar para no asustar a nadie. El mismo ritual de fanfarroneo ante sus miedos más profundos: la muerte, sus emisarios fraguados en la imaginación, los incontables monstruos.
Curiosamente, nuestro aniversario.
Atenuamos las luces y coloqué cortinas oscuras para que nadie nos moleste. Bailamos, música suave, casi un vals. El que nos debíamos.
Te quiero pero debemos dejarlo ya, dijo y subió a su habitación.
A nadie podré explicar lo que sucedió la mañana siguiente; diré en mi defensa que fue un acto de amor descarnado. Apenas levantarme besé su frente, entré a ducharme y vi el agua correr enrojecida por el piso.
Ella parecía sumida en un sueño plácido, inextricable: el sueño de los justos.


Zona de amigos

Por: Servando Clemens (México)

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—¿Quieres ser mi novia?
—Lo siento, Román. Ayer se me declaró Sergio.
—Yo te amo desde siempre, Julia.
—Esto es incomodo, llévame a casa.
Después de no soportar el desprecio, Román contrató a un sicario. Un día después, le comunicaron a Román que Julia había sufrido un atentado, pero que logró sobrevivir.
Román fue a visitarla al hospital.
—Estoy destrozada —susurró Julia—. Mi novio murió.
—Ahora que no está Sergio quizás…
—No empieces.
Román sacó una navaja y se la puso en la yugular.
—Si no me aceptas, me quito la vida —gritó Román.
— Eres un maldito cobarde, no te atreverías.
Entonces, Román se cortó el cuello.
—Espera un momento.
—¿Qué? —logró decir Román.
—Te quiero.
El chico se tapó la herida.
—Pero como amigo —remató Julia.
El muchacho murió de amor el 31 de octubre del 2016, y esa noche el sicario fue a terminar su trabajo.


Martes, 31 de Octubre

Por: Breigner Torres (Venezuela)

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Era el baile escolar de bienvenida, todos los estudiantes de la secundaria estaban ahí para celebrar el inicio del nuevo año escolar. La dirección del instituto aprovechó el Halloween para hacer el baile con esta temática y evitar que los jóvenes hicieran líos en las calles.
Steve iba con un disfraz simple, un traje con corbata y un antifaz sobre los ojos, apenas entró al gran gimnasio donde se celebraba la ocasión, sus ojos escudriñaron cada rincón del lugar, buscaba a Amy, la bella Amy, su amor incorrespondido desde hace años. Después de unos segundos la vio en la fuente de chocolate, llevaba un hermoso vestido blanco y estaba maquillada con blanco y negro.
“Un fantasma”, pensó Steve, “Se ve hermosa, hoy le diré lo que siento”.
Steve se acercó a su amada y la saludó, en su mente buscaba las palabras para expresarse, decidió salir y respirar, buscar las palabras y volver después, para no quedar en ridículo frente a la bella chica.
Después de unos minutos, se armó de valor y volvió a entrar.
-Amy, ¿podemos salir al callejón un momento? Te quiero decir algo.
-Por supuesto, vamos.
Salieron juntos por la puerta trasera hasta un callejón que daba a la calle, estaba oscuro.
-Amy, quería decirte que…bueno…yo quiero decirte que…
-¡Quietos -se escuchó, de la oscuridad salió un hombre con una máscara negra y un arma planteada en sus manos-, denme todo lo que tienen.
-Alto, no nos dañes -sollozó Amy.
Steve dio un paso hacia adelante, el hombre por reflejo disparó el arma, Steve calló sangrante al suelo. El hombre armado huyó del lugar.
-¡Steve! ¡Steve! -gritó Amy.
-Amy…lo que…lo que quería decirte es…es que…te amo -dijo Steve sin fuerzas y en un charco de su propia sangre.
-Yo también te amo, Steve -lloró Amy.
Steve murió en el lugar, el asesino nunca fue encontrado ni juzgado por sus actos y Amy quedó devastada.

 

 

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