UN RELATO DE SERVANDO CLEMENS (MÉXICO)

La vida de Susana

Susana estaba limpiando la ventana de la cocina cuando recibió una llamada, se despabiló de sus divagaciones y contestó de inmediato. Mientras atendía el móvil, caminaba de un lado a otro por la cocina. El agua del lavaplatos caía sobre los platos sucios, la olla de presión pitaba peligrosamente, el teléfono fijo no dejaba de sonar y el perro aullaba incrementando el estrés. Era casi la hora de ir a recoger a su hijo al colegio y la comida no estaba hecha. Susana tuvo un arranque de histeria y lanzó el celular contra el refrigerador haciéndolo añicos, entonces se quedó ida observando el techo. Segundos después, miró el reloj en la pared y supo que era momento de ir a por el niño, de lo contrario la directora se molestaría nuevamente. Se apresuró, apagó la olla y cerró el grifo, de pasada observó los recibos sin pagar aglutinados con un imán en el refrigerador y se lamentó en silencio. Corrió hasta el comedor, tomó las llaves de automóvil y salió sin asegurar la puerta. Iba manejando a toda velocidad mientras las lágrimas descendían por su rostro. Aparcó el coche y antes de bajar se limpió la cara y suspiró hondamente.
—Justo a tiempo —dijo una maestra en el pórtico de la escuela.
Susana únicamente hizo una ligera mueca a modo se sonrisa y apresuró al niño para que subiera al coche. Cuando conducía el vehiculo, el pequeño no dejaba de ver a su madre.
—¿Qué tienes, mamá?
—Nada.
—Te ves triste.
—Para nada, hijo.
En ese momento, Susana supo que a los malos tiempos había que darles la cara, o, dicho de otro modo, al mal trago hay que darle prisa.
—¿Quieres ir a comer algo dulce?
—Sí —el niño grito de felicidad.
Llegaron a una nevería, y al bajar Susana revisaba su bolso tratando de rescatar algunas monedas y si tenía suerte, tal vez algún billete desbalagado. La madre compró un par helados pequeños y después de endulzar un momento la vida de su hijo, lo llevó a un parque aledaño a darle las malas noticias. Sentó al niño en una banca, le colocó una mano en el hombro y sin rodeos le dijo:
—Ponme atención, quiero que sepas que posiblemente tu papá ya no regrese.
—¿Se murió?
—No, como crees, tu padre está bien.
—¿Por qué dices eso?
—A veces los papás se tienen que separar, pero no quiere decir que no amemos a nuestros hijos.
—Papá se va ir con otra señora, ¿verdad?
A Susana por poco se le escapa un sollozo, sin embargo, supo contenerse.
—Sí, hijo.
—¿Es malo papá?
—Él es bueno y te va a seguir queriendo siempre.
—¿Entonces por qué se va?
Susana no sabía que responder, sentía que el mundo se le venía encima.
—En la casa te explico, es tarde y pronto llegará tu abuela.
Caminaron hasta el coche y en ese justo momento, Susana se topó cara a cara con su marido agarrado de la mano de otra mujer más joven.
—¡Papá! —gritó el niño.
El señor se sorprendió al ver a su hijo, se detuvo un instante y después se fue con la mujer sin decir nada.
—¡Papá! —volvió a gritar el niño mientras dejaba caer el helado al suelo.
No hubo respuesta, entonces el pequeño empezó a llorar y a patalear.
—Papá es malo —dijo el niño entre sollozos.
—No, mi niño, tu padre está confundido.
Cuando Susana iba manejando de regreso a casa, vio por el espejo retrovisor que su hijo iba callado y sin parpadear.
—¿Estás bien? —preguntó Susana.
—No sé.
—Lo importante es que nunca te dejaremos solo y jamás te faltará nada.
De pronto Susana casi pasa un semáforo en rojo, pero alcanzó a dar un frenazo. Con el corazón a tambor batiente llagaron a casa. Descendieron del coche y vieron que la puerta estaba abierta de par en par, y al entrar Susana vio a su marido sentado en el sillón con la cabeza agachada.
—Necesitamos hablar —dijo el esposo—, creo que me enredé, no sé lo qué me pasó.
—¡Papá! —exclamó el niño—, ¿te vas a quedar con nosotros?
—Bueno —titubeó el señor—, quisiera quedarme con ustedes, pero la decisión es de tu madre y creo, pues…
—Claro que tu papá se va a quedar, somos una familia.
—¿Y la señora aquella? —preguntó el niño.
—Era una prima de tu papá, no pasa nada, hijo.
La señora permaneció reflexiva tras recordar un seguro de vida, y fue entonces cuando pensó en los nuevos condimentos que utilizaría para sazonar los alimentos de su amado esposo.


Sobre el autor:

servando

Servando Clemens. Nació un día 9 de febrero de 1981 en México. Estudió la cerrera de administración de empresas. En sus ratos libres lee cuentos y novelas. Sus géneros favoritos son el fantástico y policíaco. Ha escrito varios cuentos breves.

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